El teatro
Moderno también llamado “El teatro del siglo de oro”; conocido así porque en
esta época España alcanzó el prestigio internacional y cultural. Es la época clásica
de la cultura española que se desarrollo durante el Renacimiento y Barroco,
dividiendo la evolución de esta manera: Primera mitad del siglo “Teatro del
Renacimiento” y segunda mitad del siglo “Teatro Barroco”.
El teatro
neo-clásico es característico porque devuelve la naturalidad con un aspecto histórico,
intentando reflejar las cosas como son. Buscaba recuperar la realidad de la
vida en movimiento, la figura humana en el espacio y en las 3 dimensiones, y
creando espacios ilusionistas.
Durante
la evolución dentro de esta época, surge la reglamentación teatral basada en 3
unidades: acción, espacio y tiempo, tomándolo de la Poética de Aristóteles, teoría
introducida por Lodovico Castelvetro.
Las obras
se representaban en plazas, carretas decoradas, iglesias, colegios y por
primera vez en espacios establecidos propiamente para estas puestas actorales. La
escenografía cada vez se volvía más compleja, tomando todo lo característico del
Barroco.
El teatro
Moderno tuvo pocas variaciones respecto al desarrollado a lo largo del siglo
XVIII, su principal característica fue la inspiración en modelos clásicos Grecorromanos.
Se desarrollo sobre cualquier otra cosa la Tragedia, basada en la ineluctabilidad
del destino, con un tono meramente clásico. En el siglo XVIII el teatro siguió modelos
anteriores, contando como principal innovación la reforma que efectuó Carlo
Goldoni de la comedia, que abandono la vulgaridad y se inspiró en costumbres y
personajes de la vida real. También se desarrolló el drama, situado entre la
tragedia y la comedia.
Sus principales
exponentes durante la primera mitad del teatro Renacentista fueron: Bartolomé
Torres Naharo y Gil Vicente; durante la segunda mitad Lope de Vega con sus
asuntos históricos y novelísticos, y Miguel de Cervantes que escribió “El
Quijote”, obra que lo hizo alcanzar la fama. En el teatro Barroco destacó Félix
Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.
